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  No rendirse al humor

   

Hay algunos tan extremados impertinentes, que siempre están de algún humor, siempre cojean de pasión, intolerables a los que los tratan, padrastros de la conversación y enemigos de la afabilidad, que malogran todo rato de buen gusto. Son, de ordinario, grandes contradecidores de todo lo bueno  y padrinos de sola la necedad ; a cada razón tienen su contra, oponiéndose luego a lo que el otro dice, no más de que porque se adelantó: que si no les hubiera ganado de mano, triunfaren ellos con lo mismo, y si el otro discreto cede, y aún se hace de su banda, por no ajar el decoro, al punto ellos se pasan a la contraria, con que se halla atajada la mayor discreción. Sin duda que son más irremediables que los verdaderos locos, porque con éstos vale el hacerse de su tema, pero que con aquellos es peor; ni valen razones, porque, como no la tienen, no la admiten.

Quien no tiene usado el genio desta gente, - que hay naciones enteras tocadas deste achaque -, admírase a los principios de tan exótica monstruosidad ; pero, en sondando el extravagante porte, hace graciosísimo deporte ; que el cuerdo de todo sale airoso por el atajo de la galantería.

Mas cuando dos de una misma malhumorada impertinencia topan y se empeñan, estése a la mira el varón cuerdo, no tercie, que yo le afianzo el mayor rato con tal que asegure su partido y mire desde la talanquera de su cordura los toros de la necedad ajena.

Que alguna rara vez y con sobra de ocasión se destemple y aun se desazone uno, no será vulgaridad, que el nunca enojarse es querer ser bestia siempre. Pero la perenal destemplanza, y con todo género de personas, es una intolerable grosería. El sinsabor que ocasionó el esclavo no ha de ser desabrimiento de la ingenuidad, mas quien no tiene capacidad para conocerse, menos tendrá valor para enmendarse.

De aquí nace que estos tales, muy pagados de su paradoxia, solicitan la ocasión y andan a caza de empeños, van a la conversación como a contienda, levantan las porfías, y hechos arpías insufribles del buen gusto, todo lo arañan con sus acciones y todo lo desazonan con sus palabras. Pues ¿qué? Si les coge este picante humor algo leídos, aunque sepan las cosas a lo necio que es mal sabidas, se pasan luego de bachilleres de presunción a licenciados de malicia, monstros de la impertinencia.

 

                                                          Baltasar GRACIÁN, El Discreto.