Ingenios y negocios


 

La misma variedad que se halla en los ingenios, se halla también en los negocios. Algunos son fáciles en sus principios, y después, como los ríos, crecen con las avenidas y arroyos de varios inconvenientes y dificultades. Estos se vencen con la celeridad, sin dar tiempo a sus crecientes. Otros, al contrario, son como los vientos, que nacen furiosos y mueren blandamente. En ellos es conveniente el sufrimiento y la constancia. Otros hay que se vadean con incertidumbre y peligro, hallándose en ellos el fondo de las dificultades cuando menos se piensa. En estos se ha de proceder con advertencia y fortaleza, siempre la sonda en la mano, y prevenido el ánimo para cualquier accidente. En algunos es importante el secreto. Estos se han de minar para que reviente el buen suceso antes que se advierta. Otros no se pueden alcanzar sino en cierta coyuntura de tiempos. En ellos han de estar a la colla las prevenciones y medios para soltar las velas cuando sople el viento favorable. Algunos echan poco a poco raíces, y se sazonan con el tiempo. En ellos se han de sembrar las diligencias, como las semillas en la tierra, esperando a que broten y fruten. Otros, si luego no salen, no salen después. Estos se han de ganar por asalto, aplicados a un tiempo los medios. Algunos son tan delicados y quebradizos, que, como a las redomas de vidrio, un soplo los forma y un soplo los rompe. Por éstos es menester llevar muy ligera la mano. Otros hay que se dificultan por muy deseados y solicitados. En ellos son buenas las artes de los amantes, que enamoran con el desdén y desvío. Pocos negocios vence el ímpetu, algunos la fuerza, muchos el sufrimiento, y casi todos la razón y el interés. La importunidad perdió muchos negocios, y muchos también alcanzó, como de la Cananea lo dijo San Jerónimo. Cánsanse los hombres de negar, como de conceder. La sazón es la que mejor dispone los negocios. Pocos pierde quien sabe usar de ella. El labrador que conoce el terreno y el tiempo de sembrar, logra sus intentos. Horas hay en que todo se concede, y otras en que todo se niega, según se halla dispuesto el ánimo, en el cual se reconocen crecientes y menguantes. Y cortados los negocios, como los árboles, en buena luna, suceden felizmente.

 Saavedra Fajardo, Idea de un principe político-cristiano